SAMPDORIA
Salvar el pellejo y
no volver a la B. Esa es la realidad ahora mismo de la Sampdoria, y tampoco es
extraño. El mítico club genovés quizá ha tenido siempre más nombre que
realidad, sobre todo desde que a inicios de los 90 Paolo Mantovani lo puso en
el mapa de Europa. Fueron tiempos maravillosos en Génova, y gracias a ellos
mucho spiensan aún que la Samp es un grande en horas bajas. Pero no es así:
la Samp es un modesto que tuvo horas altas, que es muy distinto. Y hoy en día
el objetivo es sobrevivir.
Para ello se ha
confeccionado una plantilla realista y sobria, hasta de perfil bajo. Cierto es
que las cuentas en azul son algo que obsesiona a este club, y es de agradecer,
pero algo más de audacia para fichar un par de centrocampistas con
imaginación, habría venido bien. Hoy Delio Rossi maneja una plantilla con
experiencia atrás, un centro del campo bastante físico y joven, y una
delantera donde se junta lo mejor del equipo, que son Gabbiadini y Eder. Y sí,
hay una grave carencia: calidad técnica, talento para el mediocampo. Ahora
mismo, ni un solo jugador marca diferencias en la medular. Hay trabajo,
intensidad, llegada y hasta exhuberancia física, pero talento hay muy poco, y
eso es algo que va a penalizar mucho al equipo.
Tal es la
situación, que hasta se ha repescado a un desterrado como era Maresca.
Así que el plan es
claro, y es tan recalcitrantemente italiano como la cultura futbolística del
club: intentar dominar las áreas. El centro del campo es solo zona de paso.
Los partidos se ganan y se pierden en las áreas. Y para ello se cuenta atrás
con la experiencia de Gastaldello, Palombo, Castellini, Poulsen o Andrea Costa,
y arriba con el talento de un crack en ciernes como Gabbiadini o un competidor
de calidad como Eder. Así hay que entender la apuesta del club. Veremos si le
sale.
Sergio Fernández Aguado






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