BOLOGNA
Un habitual de la
zona media-baja desde su retorno a la máxima categoría hace seis años, los
objetivos del Bologna se mantienen invariados también esta temporada:
Conseguir la permanencia cuanto antes y ponérselo difícil a los grandes de
vez en cuando. Para ello, el mejor camino es la continuidad del trabajo bien
hecho, y esa es la apuesta del conjunto rossoblù para esta temporada.
Con Stefano Pioli,
uno de los mejores y menos reconocidos técnicos italianos de los últimos
años, el Bologna se ha salvado con enorme suficiencia los dos últimos cursos.
Ha construido un equipo muy fuerte en la zaga y potente en ataque, alcanzando
un equilibrio óptimo. Camaleónico, Pioli se adapta a la perfección al equipo
tanto al rival como a las situaciones y formas de su propia plantilla. Así, a
lo largo de su estancia en Bologna, ha ido variando de sistema de juego,
potenciando las virtudes del equipo en cada momento y sin menoscabo del
rendimiento.
De cara a esta
temporada, el 4-2-3-1 potencia la talentosa línea de mediapuntas con la que
cuenta el equipo, con los griegos Christodoulopoulos y Panagiotis Kone
flanqueando a Alessandro Diamanti. Calidad, potencia y trabajo para apoya a
Rolando Bianchi, uno de los goleadores más fiables y carismáticos de Italia,
con el imprevisible Moscardelli en la recámara. En defensa, Antonsson y
Cherubin, con los siempre correctos Garics y Morleo forman una zaga más que
competente. Los puntos débiles, la portería, donde ni Curci ni Agliardi
ofrecen garantías, y la organización del juego. Krhin debe dar el paso
adelante en su carrera que lleva retrasando demasiado tiempo y hacerse con el
mando del equipo, especialmente después de la sensible baja de Taider.
Sergio Fermández Aguado






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