MILAN
“Desde hoy el Milan
tendrá que caminar con sus piernas”. Las palabras de Silvio Berlusconi, dueño
absoluto y figura política italiana en el ocaso, decretaron en 2009 el final
de la época glamour del conjunto milanés, dominador de la escena europea de
las últimas decadas y casa de estrellas magníficas y fichajes de talla
mundial.
La plantilla, que
ya desde 2006 había perdido mucho en nivel, fue revolucionada totalmente la
pasada temporada. La sanidad económica y el Fair Play Financiero se
adelantaron a lo deportivo con consecuencias terribles: el adiós de
Ibrahimovic y Thiago Silva, junto a la pérdida de la garra de Gattuso y el
liderazgo de Seedorf ahogaron los abonos y multiplicaron las críticas. A pesar
de esto y tras un mal arranque, el cuestionado entrenador Allegri logró el
equilibrio y los goles gracias al experto Pazzini (que llegó desde Inter en un
discutido trueque con Cassano) y al brillo del ‘Faraón’ El Shaarawy. En Enero
el sorprendente regreso a Milán, zona rojonegra, de Mario Balotelli dio alas y
entusiasmo a un equipo que no conoció derrota en Italia hasta final de
temporada y logró la milagrosa clasificación a la Champions League, que se traducía
en oxígeno.
Este verano, el
Milan saludó a otro veterano, Ambrosini, y sufrió viendo a la Juventus, el
Napoli y la Fiorentina reforzarse bien. Sólo después de eliminar al PSV y
clasificarse a Champions (dinero), pudo desatarse en el mercato: entra Matri,
elegido por Allegri, y sobre todo el hijo pródigo Kaká, huyendo del fracaso
madrileño, además del adiós a Prince Boateng.
No cambia el papel:
el futuro éxito rossonero pasa por pies del Mario italiano. La perla negra,
tan desequilibrante cuanto indomable dentro y fuera del césped, va a decidir
si el Milan volverá́ a ser competitivo otra vez... ¿hasta la próxima
revolución?
Sergio Fernández Aguado






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