PARMA
Es imposible no
sentir nostalgia cuando se habla de Parma, ejemplo máximo en Italia de un
pasado de prestigio y un presente limitado. Parece ayer cuando la Marcha de
Aida, por Giuseppe Verdi, anunciaba a estrellas magnificas como Zola, Verón,
Crespo, Cannavaro o Buffon.
La época
“gialloblù” Parmalat con sus cromos y sus triunfos pero también sus excesos y
tropiezos representa hoy una tarea titánica y un pasado demasiado grande
comparado a los 80 años precedentes en divisiones inferiores. Después de un
lento y largo calvario, la entidad alcanzó su nueva dimensión apostando en la
humildad y el compromiso para sobrevivir en la Serie A y proponerse como un
matagrandes en un contexto de mutación continua y de revaloración de
jugadores.
Para esta
temporada, la del Centenario, el dueño Ghirardi pide algo más que una
salvación tranquila a Donadoni. Se evitaron revoluciones en la plantilla por
lo que el entrenador bergamasco va a proponer el tan de moda 3-5-2 (aunque no
descarta el 4-3-3 a priori). La estructura de la pasada temporada ha sido
reforzada con la llegada de veteranos como Cassani, Felipe y Gargano. Se fue
Belfodil al Inter, pero a cambio de un auténtico bombazo, Antonio Cassano,
nueve goles y 13 asistencias en 2012/13.
El Talento de Bari
Vecchia, regalo de cumpleaños con sabor a fichajes de antaño, va a formar una
dupla potencialmente letal con Amauri y juntos a la imprevisibilidad de
Biabiany y Sansone garantizan soluciones ofensivas de alto nivel. Si el equipo
mantiene las motivaciones y la concentración, su reto en el papel será la
primera mitad de la tabla. Si Cassano, motivado por el Mundial, vuelve a los
tiempos de Sampdoria, Parma podrá apuntar aún más alto como la Europa League
si algún grande fracasa. Todo para hacer feliz a Verdi.
Sergio Fernández Aguado






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