SASSUOLO
Sassuolo no es más
que una pequeña y anónima ciudad a la sombra de Módena. Sin embargo, el
apoyo de Mapei desde principios de siglo y su patrón Squinzi, gran amante del
deporte -su equipo ciclista lo ganaba todo a finales de los ‘90-, permitieron
el ascenso meteórico de un club desconocido para escalar desde Serie C2 a
Serie A en apenas siete años.
La estabilidad que
permite tener una gran empresa detrás junto a una inmaculada gestión
deportiva desde el campo y los despachos han sido la clave del éxito. Primer
debutante en Serie A desde que lo hiciera el Treviso hace ocho años, el
Sassuolo, con Eusebio Di Francesco en el banquillo, apuesta sin tapujos por un
fútbol ofensivo, de combinación, rápido y vertical, muy atractivo para el
espectador. Innegociable el 4-3-3 para este equipo, que ha mantenido el bloque
del ascenso y ha realizado acertadas incorporaciones, para contar con
futbolistas en su plantilla más que aptos para este estilo y sistema. Los incisivos
Berardi, Schelotto, Alexe o Zaza en ataque, el cerebro Missiroli, fiables
jugadores en el eje como Marrone, Kurtic o el capitán Magnanelli además del
expeditivo central Terranova.
La extrema juventud
e inexperiencia de la plantilla pondrán en jaque más de una vez la confianza
del equipo, especialmente cuando vengan mal dadas y al equipo le cueste
controlar los partidos, ante conjuntos mucho más curtidos.
Sin embargo, su
seriedad como bloque y su talento hace que no haya que descartarles como
posible revelación del campeonato. Eso sí, quien no lo verá, al menos de
cerca, serán los ciudadanos de Sassuolo, ya que el equipo, debido a la falta
de adecuación de su estadio -ya jugaba en Módena en Serie B- jugará esta
temporada en Reggio Emilia, a 25 kilómetros de distancia.
Sergio Fernández Aguado






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